La situación creada por la crisis sanitaria actual ha provocado un fuerte conflicto en diferentes sectores, como son la hostelería y el turismo, afectados de lleno. No obstante, a pesar de que con las redes sociales pareciera que el cambio no es tan flagrante, la industria cultural va a ser, a corto y medio plazo, una de las más castigadas por este parón mundial.

En la industria cultural, pese a que el impacto no es bueno para ningún área, el ámbito musical se está viendo especialmente afectado. El debate sobre el value gap ha vuelto con más fuerza.

Se llama value gap al “escalón” de diferencia que existe entre lo que cobran las plataformas streaming por difundir contenido y la retribución que los creadores reciben por crear dicho contenido. Los primeros ven muchos más beneficios que los segundos, que en muchos casos el dinero que perciben es simbólico.

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Los servicios de streaming se defienden diciendo que ellos no son responsables de lo recogido en sus plataformas, lo que no hace sino acrecentar la incertidumbre e inseguridad de los creadores.

Este value gap varía y es diferente de un servicio a otro. Youtube, por ejemplo, “paga menos de un euro por usuario y año; en contraposición Spotify paga 18 veces más” afirman desde Adepi, asociación integrada por seis entidades de gestión de derechos de propiedad intelectual, en el medio InfoLibre.

El confinamiento ha vuelto a traer este debate, especialmente entre los músicos, que ven cómo su actividad ha quedado casi totalmente paralizada.

Como se indica en esta entrevista de la Academia de Cine a Juan Carlos Tous a Juan Carlos Tous, cofundador de la plataforma de cine española Filmin, “el periodo de confinamiento ha favorecido el consumo cultural online”. En general, es así, pero a diferencia de lo que ha ocurrido con el cine y las series, y servicios como Netflix, HBO o la propia Filmin, el consumo de música durante la primera semana del estado de alarma cayó un 11%, según informa InfoLibre.

Esto solo acrecienta las dudas acerca del modelo de streaming imperante en los últimos años y traído de la mano, especialmente, por Spotify. En el comunicado del 29 de abril a sus accionistas, con datos a fecha de 31 de marzo, ha declarado tener 130 millones de usuarios premium frente a 163 que usan el servicio de manera gratuita. Esto son 30 millones de cuentas premium y 40 millones de cuentas con publicidad más que en el mismo período de 2019.

Spotify sigue creciendo, no sin dificultades debido a la crisis, como ellos mismos comentan en este comunicado. Desde Spotify afirman que el confinamiento ha mermado el uso del servicio streaming debido a un cambio en las rutinas sociales (ya no se escuchan tantos podcast o canciones de camino al trabajo), aunque la tendencia se mantiene en actividades relacionadas con cocinar o, simplemente, con momentos de relajación en casa.

En medio de todo esto los creadores de contenido, en este caso los músicos, siguen cuestionando, ahora más que nunca, el modelo streaming. El value gap se hace patente ahora más que nunca. Mientras que las plataformas online no se han visto tan atacadas por el virus, los artistas han observado una caída de sus ingresos casi total. Esto se debe a que hoy en día la forma de sacar rentabilidad a la actividad musical se basa en los espectáculos en vivo. Las redes sociales y las plataformas musicales (Spotify, Deezer, iTunes) no aportan a los creadores mucho más que un vehículo para la promoción de su arte.

Con los ingresos congelados, muchos cantantes y grupos, especialmente durante las primeras semanas de confinamiento, ofrecieron conciertos en vivo a través de Instagram o Youtube. Pasadas unas semanas, otros de ellos se negaban a hacer esto, ya que en una situación de total incertidumbre laboral, regalar su música quizá no era la mejor idea.

Incluso se propuso un apagón cultural en las redes sociales los días 10 y 11 de abril. Muchos artistas se sumaron a esta iniciativa, si bien gran parte del sector no estaba de acuerdo debido a que no creían que fuera el momento ideal para plantear este tema.

Lo que es una realidad es que el value gap sigue siendo un problema y que no hay un modelo que pueda favorecer, satisfactoriamente, a la industria como ente y a los que la componen como individuos.

Ciertas iniciativas, que se han llevado a cabo en redes sociales, como el Cuarentenafest, han conseguido donaciones por parte de los espectadores, que luego han repartido entre los músicos que han actuado en vivo.

Las épocas de crisis son un buen momento para la reinvención. Todo el sector cultural, pero especialmente el musical, debe encontrar nuevas formas de rentabilización que permita a los músicos no depender exclusivamente de conciertos en vivo.

Un planteamiento de este tipo podría ser que se pagase por conciertos online. Sin embargo, habría que definir muy bien un aforo determinado de personas y un precio acorde a lo que se está ofreciendo, que sigue siendo un concierto y un trabajo que hay que reconocer, pero que no tiene el mismo empaque, ni es la misma experiencia, que ver al artista en el lugar.

Sea como sea, es un momento de crisis y, claramente, de cambio para la industria musical, cuyos integrantes han visto cómo caía el modelo clásico para dar paso a una nueva forma de entender la música que los usuarios parecen haber captado al vuelo, pero en la que los creadores aún están dilucidando cómo sacar la rentabilidad adecuada sin necesidad de volverse virales gracias a un golpe de suerte.


Artículo de Silvia Panadero para el Blog del Máster en Music Management

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