En 1999, el universitario estadounidense, Shawn Fanning, creó un programa informático, inspirado por la reciente creación del sistema de intercambio de información peer-to-peer (P2P), llamado Napster. Junto con Sean Parker y John Fanning, desarrolló un sistema con un objetivo muy claro: compartir información. Concretamente, comenzaron a compartirse archivos mp3. Este sistema hacía que aquellos usuarios que así lo desearan compartiesen sus bibliotecas musicales mp3 con el resto del mundo, dando paso a la piratería del siglo XXI.

Esto tuvo una repercusión inmediata para la industria musical. Y es que Napster, una idea aparentemente inocente, comenzó a amenazar no solo a la industria musical, sino a toda la industria cultural, cuando millones de usuarios comenzaron a utilizar este sistema para conseguir música y cine gratis. La música pasó de ser un lujo que no todo el mundo se podía permitir (un disco a principios de siglo costaba lo mismo que hoy en día, unos 20€) a ser algo que de repente podías tener por el precio que pagabas por la línea de internet. No solo podías tener un disco que te apeteciese escuchar, sino que podías descargarte la discografía completa de tu artista favorito.

En el año 2000 varias discográficas emprendieron una lucha contra la empresa de Fanning y esto dotó de una gran popularidad a Napster, convirtiéndola en un fenómeno a nivel mundial. No obstante, la andadura del servicio P2P en la cima dudaría poco tiempo. En 2001 un juez ordenó que se cerrasen sus servidores y la empresa aceptó pagar una indemnización millonaria a las discográficas por la violación de los derechos de autor.

Todo esto se habría quedado en una anécdota o en un asunto a nivel nacional, de no ser porque internet lo globalizó todo, incluida la información. Ya había habido un Napster y podía haber más programas que cumplieran con sus características. Es así como la piratería se afianzó en la sociedad de comienzos de siglo. La gente ya no quería pagar por escuchar música, ahora podían tener miles de discos de cientos de artistas de forma completamente gratuita. Surgieron plataformas como Emule, Ares, o Audiogalaxy.

En 2009 la mayor parte del consumo cultural, especialmente de los jóvenes, estaba centrado en la descarga ilegal de contenidos. ¿Para qué iban a pagar dinero por el disco de un artista que no sabían si les iba a gustar cuando podían tenerlo gratis y a través de un solo clic?

De entre todos los ámbitos a los que la piratería ha llegado a afectar (cine, libros, videojuegos, deportes) la música ha sido el más perjudicado. La Coalición de Creadores e Industrias de Contenidos ha estudiado los datos de la piratería en España desde 2009 hasta hoy.

El Observatorio de la Piratería y Hábitos de Consumo de Contenidos Digitales es el ente que realiza estos informes para la Coalición. En el informe de 2009 se ponía de manifiesto que la industria musical cargaba con una tasa de piratería del 95’6% en el segundo semestre de ese año. Esto quiere decir que más del 95% de los contenidos musicales consumidos en esos seis meses provenían de fuentes ilegales.

Esta cifra ha ido disminuyendo a lo largo del tiempo. En la siguiente gráfica puede verse claramente.

pirateria musica

Aquí se muestra la evolución desde 2012 hasta 2018 de la cantidad (en millones) de contenido musical descargado  en España. Los datos han sido obtenidos a través de los estudios anuales del mencionado Observatorio de la Piratería.

Tal y como se aprecia en el gráfico, de 2012 a 2017 la tendencia ha sido que se descarguen menos contenidos musicales de manera ilegal. No obstante, en 2018 hay un repunte en la descarga de contenidos. El informe no da mucha importancia a este dato y se hace hincapié en que se ha llegado a un 12% de descenso de piratería acumulado desde 2015.

Pese a este inusual repunte de descargas de contenidos en 2018, se puede afirmar que la piratería está en horas bajas. No es que haya disminuido y eso haya permitido volver al modelo anterior, sino que se ha producido un cambio de paradigma dentro de la industria cultural. De nuevo, la industria musical ha sido la más dañada, desde que se lanzara Napster en 1999. Por este motivo, discográficas, distribuidoras y artistas han tenido que cambiar su modo de hacer las cosas y, especialmente, de interactuar con su público potencial. Plataformas como Spotify, Deezer, Google Play Music o iTunes, han hecho que escuchar música en streaming y de manera gratuita sea una realidad a la que todo aquel con un smartphone puede acceder.

En los últimos 10 años, al tiempo que la piratería se desinflaba, este tipo de plataformas crecían casi exponencialmente. Este modelo se repite, asimismo, cuando se habla de cine y series, si bien tienen sus propias particularidades.

El problema de base con la piratería no ha sido el hecho de poder compartir música con amigos de manera gratuita. El verdadero inconveniente lo ha sufrido la industria musical, que se ha visto obligada a cambiar su forma de hacer, empujada por los consumidores, algo que antes era totalmente impensable.

Víctor, del canal de Youtube Music Radar Clan, opina que la piratería es una batalla que ya se ganó hace unos años, que hoy es completamente irrelevante y que esa batalla la ganaron los consumidores al poner patas arriba el modelo discográfico de la época.


Más información sobre el Observatorio de la Piratería 2018 en: http://lacoalicion.es/observatorio-de-la-pirateria/observatorio-de-la-pirateria-2018/

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