Hoy en día es muy habitual encontrar personas que utilizan alguna plataforma de música streaming donde tener guardados todos sus discos favoritos digitalmente y poder escuchar música donde y cuando quieran. Es cierto que los discos físicos y los vinilos siguen existiendo, pero no son más que objeto del más puro coleccionismo. Escuchar música online se ha convertido en la nueva forma de escuchar música.

Aunque existen diferentes plataformas para este fin como iTunes, Google Play Music o Deezer, la más conocida y la que más usuarios posee a nivel mundial (unos 200 millones) es Spotify.

Esta aplicación fue creada en Suecia y lanzada al mercado en 2008. En menos de 10 años se convirtió en algo casi tan básico en los teléfonos móviles como WhatsApp. Algunos de los datos que avalan a la empresa son su implantación en 78 países, sus 87 millones de usuarios suscritos a fecha de 30 de septiembre de 2018, sus más de 40 millones de canciones o los 10 billones de euros que paga a los titulares de derechos.

Plataformas como esta han cambiado la forma de entender la industria musical. Hemos pasado de llevar a cuestas un walkman o discman en una funda llena de cedés, a tener la posibilidad de elegir entre 40 millones de canciones solo tecleando un par de palabras.

Cada año se publica un informe llamado Global Music Report, realizado por IFPI (Federación Internacional de la Industria Fonográfica), en él se reflejan datos sobre la industria musical en el último año y se hace hincapié en el gran cambio que ha supuesto la irrupción de lo digital.

El hecho de que apareciese internet y consumir música estuviera a tan solo un clic y gratis fue un duro golpe para la industria del que aún se están recuperando. Pero quizá, ahora que se ha entendido cómo puede funcionar de manera rentable este nuevo modelo de consumo, se comience de nuevo a despegar. Según refleja el Global Music Report 2018, que recoge datos de 2017, los ingresos de streaming de ese año aumentaron en más de un 40%. Por su parte, los ingresos por descargas y por la compra física de música bajaron un 20,5% y un 5,4% respectivamente.

Otro dato de 2017 que destaca este informe es el aumento en un 54% de la participación digital en el total de los ingresos globales, es decir, más de la mitad de los ingresos de la industria musical proceden de plataformas como Spotify o iTunes. Las suscripciones a servicios de música en streaming también aumentaron un 45,5% en 2017.

Estos datos no son más que el reflejo de cómo ha cambiado la industria musical en los últimos 10/11 años. Ya no hace falta estar pegado a la radio o la prensa para no perderte el lanzamiento del último disco de tu artista favorito o descargarlo de manera ilegal, el propio servicio de streaming, así ocurre en el caso de Spotify, te avisa del lanzamiento y te ofrece escucharlo en ese mismo momento.

datos industria musical

Fuente: Global Music Report 2018 | IFPI

De entre todos los datos que ofrece el Global Music Report de 2018 uno de los más interesantes es una gráfica en la que se muestra la evolución de la procedencia de los ingresos de la música desde 1999 hasta 2017. En 1999 todos los ingresos procedían de lo físico (cedés cintas, vinilos), alcanzando la friolera de 25,2 billones de dólares en ingresos. En 2017 el panorama es completamente distinto. Lo primero que tener en cuenta es que los ingresos en general se han reducido a lo largo del tiempo y en ese año fueron de 17,3 billones de dólares. De esta cantidad 5,2 billones procedieron de la compra física de música, mientras que 6,6 billones vinieron del streaming.

Ahora bien, lo que nosotros pagamos al suscribirnos a una plataforma como Spotify es simplemente un servicio Premium, como su nombre indica. Es cierto que podemos acceder gratuitamente a los 40 millones de canciones que hay en Spotify, pero al pagar la suscripción eliminamos los anuncios, no tenemos límite a la hora de reproducir la canción que queremos en cada momento, aumenta la calidad de la reproducción o podemos descargarnos las listas de reproducción para escucharlas cuando no tengamos conexión, entre otras cosas. Es simplemente una mejora del mismo servicio que se obtiene gratuitamente.

La gran cuestión, por otro lado, es ¿qué obtienen los artistas a cambio de compartir su música en Spotify? Obviamente, nadie regala su música. Pero esta pregunta es más compleja de lo que en un principio pueda parecer, ya que Spotify no paga lo mismo a un artista que a otro. Lo que un cantante gana cada vez que se reproduce su canción varía en función de diferentes aspectos, y además, la compañía paga a las discográficas que después son las encargadas de recompensar a los artistas.

Con el paso del tiempo cada vez más música se ha ido añadiendo a Spotify. Bandas icónicas como Pink Floyd o The Beatles llegaron a la plataforma en 2013 y 2015 respectivamente. Otros artistas han tomado decisiones drásticas como retirar su música al completo de estos servidores. Este fue el caso de Taylor Switf en el año 2014. La cantante decidió retirar toda su discografía de Spotify, incluido el último disco que había lanzado en el momento, debido a que había puesto este disco en venta en iTunes y el hecho de poder escucharlo gratuitamente, o bajo suscripción, en Spotify podría haberle quitado muchas ventas.

Lo que está claro tras todos estos datos es que la industria musical ha cambiado, quizá los tiempos favorecen ahora al consumidor, y los artistas y las discográficas han tenido que desarrollar nuevos métodos de trabajo y una nueva manera de entender la industria.

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