El mundo de la música tiene sus propias reglas, actores y mecanismos de actuación. Por tanto, a la hora de entrar en juego en la industria musical, hay muchos aspectos a tener en cuenta. Uno de ellos es la famosa propiedad intelectual. En este artículo, vamos a explicar qué es y cómo funciona dentro de la industria de la música.

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La propiedad intelectual en el sector de la música.

En primer lugar, es necesario aclarar que la propiedad intelectual es el conjunto de derechos que corresponden a los autores y a otros titulares respecto de las obras y prestaciones fruto de su creación. Es decir, aquellos derechos innegables al autor por crear su obra. En España, la ley contempla dos planos que conforman propiedad intelectual: los derechos morales y los derechos patrimoniales.

Los derechos morales son aquellos que reconocen la condición de autor sobre la obra. Estos son irrenunciables e inalienables. Acompañan al autor durante toda su vida, así como a sus herederos. Gracias a estos derechos, el autor tiene el poder de exigir el respeto a la integridad de su obra.

Por otro lado, tenemos los derechos patrimoniales, un poco más complejos. Estos, a su vez, están formados por los derechos de explotación y los derechos compensatorios. Los de explotación abarcan los derechos exclusivos, que permiten a su titular autorizar o prohibir los actos de explotación por el usuario y recibir una retribución por su obra, y los derechos de explotación, que, a diferencia del anterior, no permiten al autor prohibir los actos de explotación de su obra, aunque sí obligan al usuario el pago de una cantidad de dinero. Volviendo al comienzo, los derechos compensatorios, como su nombre indica, existen para compensar los derechos de propiedad intelectual que el autor “pierde” por las copias privadas de su obra.

Aunque estemos hablando únicamente de autor, hay que puntualizar que los derechos de propiedad intelectual pueden ser compartidos. Esto es, de hecho, algo muy común en la música, debido a que la colaboración es recurrente en la creación de canciones.

Los derechos morales son intransferibles y solo pertenecen al autor. Sin embargo, los patrimoniales sí que se pueden ceder a otra persona física o jurídica, ya que su finalidad es la explotación de la obra. Y aquí es donde comienzan los contratos.

Los contratos en la industria musical.

Antes de nada, vamos a aclarar que en la industria musical existen muchos tipos de contrato, y no en todos entra en juego la propiedad intelectual de la misma manera. En la música, no solo existen autores, sino que también está la figura del artista/intérprete. En su caso, no se aplican los derechos de propiedad intelectual como se aplica al propio autor, y sus contratos son diferentes, firmados también con entidades diferentes.

En este artículo, nos centraremos en el contrato que se aplica a los autores de la obra. Estos se firman con una editora de música, y llevan el nombre de contratos de edición musical. Mediante este proceso, el creador le cede a la editorial sus derechos de explotación sobre su obra. Más concretamente, entre estos derechos están el de reproducción de la obra, distribución, comunicación pública y, normalmente, también el derecho de transformación de la obra. Todo esto, evidentemente, a cambio de una compensación económica. Los contratos que un autor puede firmar con una editora de música son:

  • Contrato de edición por canciones individualizadas.
  • Contrato de edición del autor en exclusiva.
  • Contrato de Co-edición.
  • Contrato de Participación.
  • Contrato de Administración.
  • Contrato de sub-edición internacional.

Mediante el contrato de edición musical, esta figura se encarga tanto de inscribir la obra en la SGAE como de vigilar y proteger los derechos de propiedad intelectual, así como de reclamar ingresos que, por muy diversas razones, no hayan llegado al autor.

Además, otra de las labores de la editora de música es la de explotación y comercialización. Con la obra compuesta y registrada, esta entidad es quien, posteriormente, suele autorizar a una discográfica para que esta se encargue de la grabación, reproducción y distribución de dicha obra. Precisamente por su continuo contacto y gestiones con discográficas, muchos sellos cuentan con su propia filial de editora de música.

A la hora de regular la actividad de las editoras, la SGAE ha establecido que estas no puede participar en más de un 50% sobre los ingresos generados por las obras.

Nuevas tendencias en las editoras de música.

Actualmente, el papel de las editoras de música está cambiando. Aparte de la tendencia hacia la autoedición, donde es el propio autor quien crea su editorial para tener máximo control sobre sus derechos, las propias editoras están apostando por nuevos modelos.

Si bien antes estas organizaciones se quedaban con ciertos derechos de explotación mediante el contrato con el autor, cada vez están surgiendo más editoriales que se limitan a una función administrativa. De esta manera, el autor mantiene la totalidad de sus derechos de explotación, y su editora se encarga únicamente de gestionar royalties y asegurar el pago a los autores.

Por tanto, la industria musical apuesta cada vez más por la libertad e independencia de los músicos, donde estos sean dueños de todos sus derechos de propiedad intelectual sin necesidad de transferirlos.

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