La manera de consumir música se ha convertido en digital. Este tipo de consumo trae consigo nuevos fenómenos en la industria musical.

Uno de ellos es el famoso “value gap”, o brecha de valor. Si lo pensamos, su nombre ya nos da una pista de qué significa.

El “value gap” es la diferencia entre dos realidades. Por un lado, el valor que perciben las plataformas gratuitas de música financiadas con publicidad, como Youtube, Vimeo o la versión gratuita de Spotify. Y por otro lado, los ingresos que reciben la industria y los artistas por dicha música.

O lo que es lo mismo, la desigualdad entre lo que recibe la comunidad musical por su música en comparación a lo que reciben las plataformas gratuitas. El valor que generan esas plataformas a partir del producto de la industria musical no tiene apenas retorno para esta última. Y ahí se encuentra el problema: ese desajuste del valor percibido resulta injusto para la industria.

Qué es Value Gap

Ya son varios los artistas que se han rebelado en contra de este fenómeno. Desde la americana Taylor Swift, que decidió quitar sus canciones de la versión gratuita de Spotify, hasta figuras españolas como Sabina o Alejandro Sanz. Ante las quejas de la industria, estas plataformas gratuitas se defienden con el mismo argumento. Para evitar el pago de las licencias de los productos musicales que albergan, las plataformas dicen no ser responsables de la música que ponen a disposición del público. Una defensa que la industria no considera suficiente.

Una desmoralizante realidad.

El mayor problema del “value gap” es la falta de crédito a la comunidad musical. Esta no ve compensado el trabajo que realiza. Y es que las millones de escuchas a las canciones en estas plataformas gratuitas suponen una manera de “vender gratis su producto”.

Para hacernos una idea, en la versión de pago de Spotify, cada usuario paga por la música una media de 20 dólares. En el caso de Youtube, el retorno económico del usuario por esas escuchas no llega a un dólar.

Para los artistas, esta gran diferencia significa una devaluación de su esfuerzo. Pero el problema no solo está en esa desmoralización. Si el consumo musical sigue creciendo en base a este desnivel, es una realidad insostenible. Para que cualquier industria prospere, la inversión de tiempo y dinero debe tener un retorno, algo que el “value gap” imposibilita.

Además, las plataformas de pago como Deezer, Apple o Amazon se ven obligadas a competir contra otros lugares online que ofrecen el mismo producto de manera gratuita.

Hacia dónde van las soluciones.

Los expertos coinciden en que la solución está en el problema: la inaplicación de las leyes online de responsabilidad. Las prácticas que fomentan el “value gap” quedan impunes para las plataformas gratuitas. Por ello, la industria musical demanda que las leyes de copyright en Internet se apliquen de forma correcta y consistente. De esta manera, se exige que estas plataformas tengan que negociar las licencias de la música que, por ahora, suben de manera gratuita.

Parece que la comunidad musical está demandando cada vez más estos cambios. No sabemos si, finalmente, la ley actuará de manera estricta sobre las acciones de las plataformas gratuitas. Lo que está claro es que cada vez son más las voces de artistas y profesionales que se están uniendo para acabar con este fenómeno.

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